Terra Incongnita


“La Antártida siempre fué un espacio de la imaginación, antes, durante y después de mi propio viaje”. Sara Wheeler, Terra Incognita (1996).

Utilizando la fotografía como medio se evocan mecanismos observables de imaginarios colectivos en contextos particulares. Me interesa haber encontrado una simulación de la Antártida en uno de los conocidos parques temáticos de Orlando; es un desierto helado construido sobre un pantano en Florida. A través de la fotografía, pretendo trasladar el paisaje imaginario utilizando las convenciones de representación propias del paisajismo. Los mecanismos de identitarios envuelven la imagen tanto en la construcción de de la escenografía y en el encuadre que encierra el paisaje falso para que coincida con sus modelos de simulación. Dentro de un discurso tipificado, la fotografía se convierte en un experimento epistemológico de credibilidad; a través del propio dispositivo creativo, el encuadre y el momento de la toma, extraigo imágenes plausibles que contienen pistas que revelan los elementos artificiales de su naturaleza.

La Antártida siempre ha sido un espacio imaginativo. Incluso antes de que fuera descubierta oficialmente, los mapas europeos  describían como una tierra hipotética. Permaneció invisible hasta 1820 cuando una expedición rusa avistó por primera vez la plataforma de hielo, seguida de más expediciones de exploración por Occidente. Las narraciones de la era heróica de exploración retrataban la Antártida como un lugar impenetrable, apartado del mundo moderno. El polo sur se convirtió en un icono de peligro, misterio y romanticismo. El punto de partida de la serie Terra Incognita son las narrativas colectivas precedentes que median las ideas y fantasías que forman la base del imaginario antártico. 

La fotografía toma esos paralelismos de naturaleza romántica con la ligera diversión del  consumismo moderno, ambos chocando en un encuadre. Este tipo de construcción del paisaje es eco de una suerte de mirada imperialista en lacartografico y al relacionarse con el mundo, al posicionarse en un punto de vista dominante sobre la naturaleza enmarcándola en términos de escalas globales. En Terra Incognita, en la supuesta normalidad yacen elementos engañosos; ya no podemos celebrar la naturaleza con ingenuidad, ya que existe otro concepto de naturaleza matizado por la civilización y la economía. Los detalles ocultos en la imagen revelan una ficción que ficción a su vez revela características de un lifestyle americano consumista  y  a narrativas emergentes de cambio climático.

En ese caso, la Antártida queda desplazada y se pierde en una simulación que revela fascinación. Suspendida en un parque de atracciones, la escenografía no es solo una imitación sino una suplantación de la realidad por signos y diluida en íconos. En las relaciones y contradicciones entre el original y la copia, todos los valores se empaquetan y, a su vez, se exaltan: el continente alguna vez imaginado por los cartógrafos y el juego de ilusiones de la escenografía de un parque temático, el descubrimiento y consumo, la conquista y el turismo, la aventura épica y la diversión.